mANIFIESTO

En mi caminar, solo llevo el alma.
Aunque a veces pesa y se queja, es mi fiel compañera.

Se viste de ropajes y joyas que no son más que efímeras ilusiones, como lo es nuestro paso por la vida.

Hay días en que el cuerpo pesa: huesos, piel y hasta los sentimientos.

Pero sigue caminando.
Vive y grita en el silencio, y aun así,
sigue su camino.

Peregrina entre alegrías y penas, el alma continúa su tarea: avanzar con sus vestiduras hacia un estado de paz absoluto, donde nada pesará, ni siquiera los sentimientos de los que se despojó en el trayecto.